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Gedicht

Valeria Tentoni

THIS IS MY NEW YEAR:

I don’t need you, December.
I did everything right,
I did everything wrong.
Happiness is a very precise thing
that doesn’t make as much racket as we’d thought.
Something begins, something ends,
everything is basted together with the grace
of what is completed behind our backs.
There’s a photo of Pizarnik in my kitchen, she’s looking at the stove.
I like to blame her
for everything that burns. I talk to her,
it doesn’t matter if she wasn’t what I now say she is:
this is my version of it,
what comes from handling words and things.

Once a guy left me. He was a writer and he told me
that it wasn’t worth persisting with this.
Some time later he published a story
in which he talked about me and said I wasn’t beautiful enough.
He told our story, from the beginning.
He told, above all, about his rejection.
He doesn’t know it, but that converted me.
Now it’s personal
and it will always be personal.

I don’t know why I say in poems things
that would ruin my lunch. What isn’t excessive doesn’t live,
they taught me
but it’s not worth ruining a morning like this
writing.

They counted nine planets, but they weren’t satisfied.
They said there had to be one more to round out the number.
They called it Counter-Earth, the fictitious tenth planet. It was right
behind us, that’s why we couldn’t see it.
Like someone who steals up, covers your eyes,
asks guess who.
We fool ourselves with patience, we go to a lot of trouble.
Someone falsifies us and says that it’s for our own good.

Flies are persistent against the glass because they are not to blame
for our having hardened the invisible.

Someday you’re going to make a stain in the kitchen with boiling oil.
I’ll be there, watching you salvage the food.
I’ll be there, where I was, yet wasn’t, before.
These are my dry pens, Everything they had to say.
All those decimals that appear
after the point. The arithmetic base
of the lie.

When I began all this I was happy,
now I am too,
yet not:
the heart is an animal that inhabits another animal.

The problem is that we always count things
with our fingers.

I did everything right, I did everything wrong.

Now I only want
to shut my mouth
as best I can.

ESTE ES MI AÑO NUEVO:

ESTE ES MI AÑO NUEVO:

no te necesito, diciembre.
Hice todo bien,
hice todo mal.
La felicidad es una cosa muy precisa
que no hace tanto ruido como pensábamos.
Algo empieza, algo termina,
todo se hilvana con la gracia
de lo que se completa a nuestras espaldas.
Hay una foto de Pizarnik en mi cocina, ella mira las hornallas.
Me gusta echarle la culpa
de todo lo que se me quema. Le hablo,
no me importa si ella no fue la que yo ahora digo que es:
ésta es mi versión del asunto,
lo que resulta de manosear las palabras y las cosas.

Una vez un chico me dejó. Era escritor y me decía
que no me convenía insistir con esto.
Un tiempo después publicó un cuento
en el que hablaba de mí y decía que yo no era lo bastante hermosa.
Contaba nuestra historia, desde el principio.
Contaba, sobre todo, su rechazo.
Él no lo sabe, pero con eso me convirtió.
Ahora es personal
y siempre va a ser personal.

No sé por qué digo en los poemas cosas
que me arruinarían el almuerzo. Lo que no es excesivo no vive, me enseñaron,
pero no vale la pena destruir una mañana como esta
para escribir.

Contaron nueve planetas y no se quedaron contentos.
Se dijeron que debía haber uno más para completar el número perfecto.
Lo llamaron Antitierra, el décimo planeta ficto. Estaba justo
detrás de nosotros, por eso no podíamos verlo.
Como alguien que llega por la espalda y te tapa los ojos,
te pregunta quién soy.
Nos engañamos con paciencia, nos esmeramos.
Alguien nos falsifica y dice que lo hace por nuestro bien.

Las moscas insisten contra el vidrio porque no tienen la culpa
de que nosotros hayamos endurecido lo invisible.

Un día vas a hacer una marca en la cocina con aceite hirviendo.
Yo voy a estar ahí, mirándote rescatar la comida.
Yo voy a estar ahí, donde estuve también antes pero no.
Estas son mis biromes secas, todo lo que tenían para decir.
Todos esos decimales que aparecen
detrás de la coma. La base aritmética
de la mentira.

Cuando empecé esto estaba contenta,
ahora también
pero no:
el corazón es un animal que habita otro animal.

El problema es que siempre contamos las cosas
con los dedos de las manos.

Hice todo bien, hice todo mal.

Ahora solamente quiero
callarme la boca
lo mejor posible.
Valeria Tentoni

Valeria Tentoni

(Argentinië, 1985)

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ESTE ES MI AÑO NUEVO:

no te necesito, diciembre.
Hice todo bien,
hice todo mal.
La felicidad es una cosa muy precisa
que no hace tanto ruido como pensábamos.
Algo empieza, algo termina,
todo se hilvana con la gracia
de lo que se completa a nuestras espaldas.
Hay una foto de Pizarnik en mi cocina, ella mira las hornallas.
Me gusta echarle la culpa
de todo lo que se me quema. Le hablo,
no me importa si ella no fue la que yo ahora digo que es:
ésta es mi versión del asunto,
lo que resulta de manosear las palabras y las cosas.

Una vez un chico me dejó. Era escritor y me decía
que no me convenía insistir con esto.
Un tiempo después publicó un cuento
en el que hablaba de mí y decía que yo no era lo bastante hermosa.
Contaba nuestra historia, desde el principio.
Contaba, sobre todo, su rechazo.
Él no lo sabe, pero con eso me convirtió.
Ahora es personal
y siempre va a ser personal.

No sé por qué digo en los poemas cosas
que me arruinarían el almuerzo. Lo que no es excesivo no vive, me enseñaron,
pero no vale la pena destruir una mañana como esta
para escribir.

Contaron nueve planetas y no se quedaron contentos.
Se dijeron que debía haber uno más para completar el número perfecto.
Lo llamaron Antitierra, el décimo planeta ficto. Estaba justo
detrás de nosotros, por eso no podíamos verlo.
Como alguien que llega por la espalda y te tapa los ojos,
te pregunta quién soy.
Nos engañamos con paciencia, nos esmeramos.
Alguien nos falsifica y dice que lo hace por nuestro bien.

Las moscas insisten contra el vidrio porque no tienen la culpa
de que nosotros hayamos endurecido lo invisible.

Un día vas a hacer una marca en la cocina con aceite hirviendo.
Yo voy a estar ahí, mirándote rescatar la comida.
Yo voy a estar ahí, donde estuve también antes pero no.
Estas son mis biromes secas, todo lo que tenían para decir.
Todos esos decimales que aparecen
detrás de la coma. La base aritmética
de la mentira.

Cuando empecé esto estaba contenta,
ahora también
pero no:
el corazón es un animal que habita otro animal.

El problema es que siempre contamos las cosas
con los dedos de las manos.

Hice todo bien, hice todo mal.

Ahora solamente quiero
callarme la boca
lo mejor posible.

THIS IS MY NEW YEAR:

I don’t need you, December.
I did everything right,
I did everything wrong.
Happiness is a very precise thing
that doesn’t make as much racket as we’d thought.
Something begins, something ends,
everything is basted together with the grace
of what is completed behind our backs.
There’s a photo of Pizarnik in my kitchen, she’s looking at the stove.
I like to blame her
for everything that burns. I talk to her,
it doesn’t matter if she wasn’t what I now say she is:
this is my version of it,
what comes from handling words and things.

Once a guy left me. He was a writer and he told me
that it wasn’t worth persisting with this.
Some time later he published a story
in which he talked about me and said I wasn’t beautiful enough.
He told our story, from the beginning.
He told, above all, about his rejection.
He doesn’t know it, but that converted me.
Now it’s personal
and it will always be personal.

I don’t know why I say in poems things
that would ruin my lunch. What isn’t excessive doesn’t live,
they taught me
but it’s not worth ruining a morning like this
writing.

They counted nine planets, but they weren’t satisfied.
They said there had to be one more to round out the number.
They called it Counter-Earth, the fictitious tenth planet. It was right
behind us, that’s why we couldn’t see it.
Like someone who steals up, covers your eyes,
asks guess who.
We fool ourselves with patience, we go to a lot of trouble.
Someone falsifies us and says that it’s for our own good.

Flies are persistent against the glass because they are not to blame
for our having hardened the invisible.

Someday you’re going to make a stain in the kitchen with boiling oil.
I’ll be there, watching you salvage the food.
I’ll be there, where I was, yet wasn’t, before.
These are my dry pens, Everything they had to say.
All those decimals that appear
after the point. The arithmetic base
of the lie.

When I began all this I was happy,
now I am too,
yet not:
the heart is an animal that inhabits another animal.

The problem is that we always count things
with our fingers.

I did everything right, I did everything wrong.

Now I only want
to shut my mouth
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