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Gedicht

Gloria Dünkler

Chapter I

We descended from neither kings nor lawyers
and my grandfather shoveled
snow on the streets of Hamburg.
The thing we brought was courage, hunger
and dreams in our trunks.
Clinging to the mast of the liner
clattering with children sick
from living in pestilence and privation,
with women giving birth on deck
and others who slept in the corridors
or three to a bed in the cabin.
The curse of wandering the seas had ended.

• • •

Your job is to clear the paths,
to make them with your machete and light fire to the open country.
I don’t know you, indian, I don’t get you.
Sell-out, your people whisper about you, sharecropper,
And you just keep quiet?
While you build the pan to salt our flesh
and put your strength behind the patriarch,
I watch you and ask
Who left that scar on your forehead?

Capítulo I

Capítulo I

No fuimos descendientes de reyes ni licenciados
y mi abuelo recogía la nieve
amontonada en las calles de Hamburgo.
Lo único que trajimos fue coraje, el buche
y los sueños en las maletas.
Aferrados al mástil del buque
taconeado de niños enfermos
de vivir con la peste y el hambre,
de mujeres que parían en la cubierta
y otros que dormitaban en los pasillos
o de a tres en los camarotes.
La maldición de errar por los mares había terminado.

• • •

Tu trabajo es despejar los caminos,
inventarlos a machete y prender fuego a las campiñas.
No te conozco, indio, no te comprendo.
Vendido, rumorean los tuyos, apatronado,
¿y tú sólo guardas silencio?
Mientras fabricas la batea para salar nuestra carne
y junto al padre unes tu fuerza,
yo te observo y me pregunto:
¿quién te dejó esa cicatriz en la frente?
Gloria Dünkler

Gloria Dünkler

(Chili, 1977)

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Capítulo I

No fuimos descendientes de reyes ni licenciados
y mi abuelo recogía la nieve
amontonada en las calles de Hamburgo.
Lo único que trajimos fue coraje, el buche
y los sueños en las maletas.
Aferrados al mástil del buque
taconeado de niños enfermos
de vivir con la peste y el hambre,
de mujeres que parían en la cubierta
y otros que dormitaban en los pasillos
o de a tres en los camarotes.
La maldición de errar por los mares había terminado.

• • •

Tu trabajo es despejar los caminos,
inventarlos a machete y prender fuego a las campiñas.
No te conozco, indio, no te comprendo.
Vendido, rumorean los tuyos, apatronado,
¿y tú sólo guardas silencio?
Mientras fabricas la batea para salar nuestra carne
y junto al padre unes tu fuerza,
yo te observo y me pregunto:
¿quién te dejó esa cicatriz en la frente?

Chapter I

We descended from neither kings nor lawyers
and my grandfather shoveled
snow on the streets of Hamburg.
The thing we brought was courage, hunger
and dreams in our trunks.
Clinging to the mast of the liner
clattering with children sick
from living in pestilence and privation,
with women giving birth on deck
and others who slept in the corridors
or three to a bed in the cabin.
The curse of wandering the seas had ended.

• • •

Your job is to clear the paths,
to make them with your machete and light fire to the open country.
I don’t know you, indian, I don’t get you.
Sell-out, your people whisper about you, sharecropper,
And you just keep quiet?
While you build the pan to salt our flesh
and put your strength behind the patriarch,
I watch you and ask
Who left that scar on your forehead?
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